miércoles, 2 de septiembre de 2009

SERIE IDENTIDAD
LA LEYENDA DEL HUITRAL O TELAR MAPUCHE.

MARIA INES SANHUEZA (A mi prima Mónica y sus hijos)

Hace muchos siglos, cuando esta tierra era habitada por tribus alfareras, cazadoras y recolectoras, llegó a las orillas del lago Lanalhue una familia mapuche a la que nadie tomó muy en cuenta. La verdad, es que nadie sabía que Nguenechén les iba dar una misión muy importante: difundir el uso del telar.

“Era plena primavera cuando la doncella Naynay estaba tejiendo un hermoso collar de flores a la orilla del lago, entonces apareció Chompallhue y le pidió unas flores a la tejedora, ella preguntó el porqué tenía el pelo tan rizado y porqué su piel era del color del charu que se ponía en el fuego para cocinar; Chompalhue se extrañó porque ella no sintió miedo ni rió de él. Le contó que por órdenes de Nguenechén, él protegía los lagos y lagunas de todas la tierra hasta donde los ojos podían ver. Naynay, conversó largamente con él y le regaló su hermoso collar, entonces Chompallhue se sumergió en el lago y cantó feliz toda la noche. De allí en adelante nunca le faltó el alimento a esta familia que pescaba en el lago y regaba sus campos de quínoa con las aguas del lago.

Pero no todo fue felicidad, un día Naynay fue acusada con su padre que ella pasaba tejiendo collares que lanzaba a las aguas; que no hacía nada en la huerta ni en la ruca. Sorprendido y malhumorado el cacique prohibió a su hija las visitas al lago. “Chachay querido, amado chachay… no me encierres y déjame tejer” decía, pero su padre fue duro e implacable. Para que entrara en razón le entregó unas varas secas para que hiciera fuego, más una llama y un llamo para que le hicieran compañía y se hiciera una mujer hacendosa. Naynay imploró a Nguenechén y a Chompallhue para que la ayudaran y se durmió por mucho tiempo, fue entonces que los dioses en sueño le entregaron el don para hacer un telar, una rueca y un huso y así aprovechar la lana de las llamas para tejer. La imaginación de Naynay se echó a volar y comenzó a hacer bellísimos tejidos con no menos hermosos diseños; Cuando su padre vio lo que su hija había hecho, se dio cuenta de su error y pidió perdón con mucha sinceridad y devoción. Nguenechén y Chompalhue no lo castigaron, pero le exigieron que dejara a su hija tejer todo lo que ella quisiera y donde quisiera… fue así como Naynay recorrió estas tierras enseñando el telar, la rueca y el huso. Cuando ya muchas mujeres habían aprendido el arte de hablar a través de los diseños, Naynay se fue a la orilla del lago y tejió collares hasta que se durmió esta vez para siempre, siempre.
Dicen que esta bella durmiente algunas noches de luna sale a la superficie del lago Lanalhue y se le ve con su rueca y su huso.